Odontología Conservadora

Hasta hace unos años, los dientes dañados se reconstruían con amalgama de plata (empastes metálicos). Cuando estaban bien trabajadas, este tipo de restauraciones solía durar muchos años, pues son muy resistentes y los productos de corrosión de los metales que los componen son tóxicos para las bacterias, por lo que resulta difícil que se forme una nueva caries a su alrededor.

Sin embargo, presentaban algunos inconvenientes: son metálicos y por lo tanto transmiten demasiado bien la temperatura (en las reconstrucciones grandes era común notar sensibilidad durante unas semanas al tomar alimentos fríos o calientes). No se unen al diente y por lo tanto no lo refuerzan ni sellan la unión entre empaste y diente. Son antiestéticos. Cuando son restauraciones muy grandes sufren expansión y contracción con las diferencias de temperatura y a menudo producen, con los años, fisuras y fracturas en los molares.

Hace ya unos años aparecieron los empastes blancos. Muy estéticos, pero poco duraderos al principio. Con los años fueron evolucionando los materiales y las técnicas hasta llegar a lo que son hoy.

Cuando la destrucción del diente es tan grande que queda muy debilitado, será necesario reforzarlo con una incrustación de cerámica o una corona.

La precisión del ajuste de las prótesis es esencial para conseguir que duren muchos años y los materiales con los que se toman los moldes de los dientes son tan precisos que podrían reproducir el grosor de una línea escrita con bolígrafo sobre un papel.

Permítanos que en la Clínica M Grupo Dental estudiemos su caso y le aconsejemos la mejor solución para su dentadura.